martes, 14 de enero de 2014

Verb sex

Amor, amor, amor…hasta ahora es casi de lo único que se ha tratado aquí. Pero hablemos de algo que nos gusta a todos. Sí,hablemos de sexo.
Y es que nosotras, a parte de ser para vosotros enamoradizas, ilusas, y deudoras del poco orgullo que la cólera de sentimientos y pasión nos  (las) arrastra a veces, también somos  seres sexuales.
Sólo que algunas tienen el beneficio de saberlo,
Y otras no.

‘Voy a escribir sobre sexo’
Clota escupió el café que estaba bebiendo al terminar yo la frase. Preferí ser directa. En verdad, siempre lo prefiero.
Sophie ni se enteró de lo que había dicho hasta que se lo repetí.
‘Genial’.
Habíamos quedado en casa de Sow. Lo de siempre: series, palomitas, cerveza, y lo que surja. El comentario cayó de forma  repentina pero las consecuencias correspondieron a mi objetivo. Que ellas hablaran y yo tomara nota.
Mientras S. se acababa su cigarro de la risa, y Bartie tardaba en llegar en un trabajo fashion de esos que hace él, Clota pareció estar interesada en el asunto.
‘¿Por qué?’
‘¿Por qué no?’
Y es que, la temática había estado rondando mi cabeza. Pese a haber escrito sobre ello en algún fragmento de alguna libreta perdida por mi habitación, nunca lo había hecho de esta forma. Sí de manera literaria en algunos fragmentos que relacionaban la liberación sexual con la personal. Sí con todo el mundo abiertamente. Pero no aquí. Me parecía algo que no podía pasar por alto en este rincón.
‘Tema a pesar de los tiempos que corren tabú’ Dijo Clota mientras acompañado de una mueca.
‘Sí. Sobre todo el papel de la mujer en ello’
‘¿A qué te refieres?’
‘Tengo una teoría’.
‘¡Oh no!’
‘No, en serio. Tengo la teoría de que muchas mujeres no disfrutan del sexo como se merecen.’
‘Adelante, expláyate. Sé que te encanta y más en esto.’
Mientras las pupilas de Sophie se dilataban al compás de cada minuto que pasaba y sonreía lunáticamente mirando de un lado a otro, decidí tomar riendas en la conversación y dirigirla hasta donde quería. Mis amigas y amigos ya saben y han asumido de que los uso de cobayas. Y todos, a nuestra manera, lo encajamos de una manera utilitarista. Ganamos todos.
Sexo, sexo, sexo. Hablemos de sexo.
Ya basta de tabús. Ya basta de retraernos y de avergonzarnos. De redimirnos y no desatarnos. ‘’Ellos pueden hacerlo y nosotras no’’; la gran oración injustamente lícita. Y es que el sexo, también ocupa un lugar en nuestras vidas. O por lo menos, debería.
A medida que he ido creciendo, y conociendo a diferentes chicas, muchas de ellas (Por suerte, no todas) se mantenían reacias a hablar sobre el tema incluso entre amigas. Y las que lo hacían quedaban de frescas.
Frescas, seamos frescas.

En la tradición hindú, el papel de la mujer en la relación tanto con el hombre, como con la sociedad es totalmente sumiso y secundario. No obstante, con el primero en el terreno sexual, es la protagonista. La importancia de tal, se traduce en su significado como comunión divina y paso necesario para su complemento. Por ello, el hombre necesita a la mujer, y su cuerpo y alma se convierte un mausoleo que el hombre ha de tratar y complacer de la mejor forma posible para alcanzar esa plenitud espiritual.
Una lástima no ser libres ni en la cama ni fuera de ella.
‘¿Y tu teoría va encaminada hacia…?’
Como siempre, atando y atando. Siendo testimonio, testigo, y lectora a sobre el tema, había llegado a varias conclusiones.
‘¿Sabes que muchas mujeres no han alcanzado nunca un orgasmo y ni si quiera son conscientes a ciencia cierta si lo han hecho?’
‘Algo había oído, pero bueno, realmente ese aspecto en la mujer es mucho más complejo y menos exacto que en el hombre.’
‘Definitivamente, esa gente la palmará sin saber lo bueno que tiene la vida, y los que no fumen esta mierda tampoco, para mí no merecen respeto’.
Al fin Sophie parecía haber espabilado o desatado su creatividad.  Podría tirar mucho del hilo. Con ella es con la que siempre hablo abiertamente de todos los temas sin ningún tapujo. Y en esto, sabía que podía apotrar mucho.
Como Bart.
Que tardaba.
Y nosotras, pues…
Sexo, sexo, sexo… Seguíamos hablando de sexo.
Volviendo al orgasmo,
‘No tan inexacto’ dije. Lo cierto es que la satisfacción sexual está dividido en cuatro fases; excitación, plateau, orgasmo, y resolución.  La fase más breve, es el punto venerado por las que lo conocen, pero desestimado por otras muchas que lo desconocen. En esos pocos segundos en los que versa tal fase, el cerebro parece ser que se adormece y la tensión psicológica sexual se desmorona bruscamente, y por ello experimentamos la sensación de placer. También se conoce como ‘Petit mort’. Una vez terminada, la fase de resolución toma forma como el proceso de retornar al estado previo de la estimulación sexual.
Tenemos todos los datos.
¿Tenemos todas las experiencias?
Para muchas, y muchos el orgasmo ha sido un tema más frustrante que gratificante. Y es que chicas, somos complicadas hasta en eso y no nos vale un proceso simple. Ellos, como siempre y en todo lo tienen mucho más fácil. Y lo valoran igual siempre, aunque no les cueste (…). Pero, el permitir que ese acongoje y esa presión actúe sobre nuestro inconsciente para dar la talla y sólo por cumplir y no disfrutar, no nos lleva más que…a perder el tiempo.
Y sí, a fingir orgasmos.
¡SÍ, CHICOS! ¡TODAS LO HEMOS HECHO ALGUNA VEZ!
‘¿Pero conmigo no, no?’ Te preguntaría alguno al que le has confesado tal secreto  a voces. ‘Pues sí,  contigo también’’ se traduce en un ‘No cariño, contigo nunca me ha hecho falta’. A lo que un ‘Ay, qué bestial’ en un ‘Joder, que acabe ya’.
¿Por qué la mentira? No me resulta tan grave como que hagamos vigente y aceptada tal frsutación. No le encuentro sentido. Tampoco convertirla en la misma ¿Es necesario para las mujeres llegar al orgasmo para sentir placer? ¿Nuestra biología es la que impide alcanzarlo todas con la misma facilidad, o nuestra psicología alimentada por complejos e inseguridades?.  Aún así, se me hace difícil no relacionarlo con la inculcación cultural implícita o no de haber nacido para complacer y no ser complacidas.
Una mujer al mando, es de armas tomar.
Porque el sexo también es un legado de poder.
Pero cuando tal poder se convierte exclusivamente unilateral, la posesión de la otra parte también va relacionada, y con ello muchos factores que giran entorno a una relación de dos.
‘¿Quieres decir que, por ejemplo, quien tiene las riendas en la cama, las tiene en la relación? Preguntó Clota.
No supe que contestar. Sí pero no. O no exactamente. Según lo veas. Puede. Sí. Aunque las riendas deberían de ser mutuas, sabemos que la interacción sentimental y emocional real no es así. Siempre –en mayor o menor medida– hay uno que lleva y el otro se deja llevar.
‘Joder, soy una dictadora entonces’ Apuntilló Sophie a carcajadas. Pero tienes razón –prosiguió-. A mí me gusta estar relajada y no ser un muermo. Pedir y que me pidan. Pero muchas veces he sentido que eso en cierta parte se extrañan o sorprenden de que una mujer sea como ellos. Incluso a veces me he preguntado si esa clase de cromañones se plantearían tener una relación, o tomar en serio a una chica que en el primer encuentro, o en los sucesivos se muestra dominante y creativa. Me parece muy fuerte de triste.
Les asusta tanto como les gusta. Sentencié.
Frescas, somos unas frescas.
‘Estáis llevando esto muy lejos. Yo no creo que sea para tanto. SÍ es cierto que es un acto que debería de ser para concederse un momento de intimidad y placer mutuo. Pero yo lo veo todo mucho más simple.  Cada uno, es como es. Sois demasiado intensas y os gusta buscarle las tres patas a todo’.
‘Sí, Clo. Ahora estamos hablando de una relación. Pero imagínate un encuentro casual o puntual. ‘Hombre folla con mujer’ Hombre sujeto, follar verbo, mujer objeto. Todo bien. Pero la sintaxis del género sexo y sociedad puede ser engañosa y cuanto menos injusta. ‘Mujer folla con hombre’; Mujer sujeto, follar verbo, hombre objeto’. En ese caso el análisis sería socialmente erróneo y nos llevaríamos un cero y una bofetada para casa. Por lo menos en este entorno’.
‘Vale, sí en eso tienes razón’.
‘Tiene razón.  Es una pesada. Pero cuando tiene razón tiene razón’. Dijo Sow con las manos en alto.
Le tiré el cojín. Tirándole su enésimo cigarrillo de la risa, lo cual ya a penas le importaba.
Añadí que… ‘Hace poco, leí un libro de mi querido McEwan,Chesil Beach se llama. Retrata un poco este tema. El como el control y  contexto social irrumpe hasta las esferas más íntimas y espontáneamente correspondiéndose a la intuición axiológica como seres humanos. La moralidad desteñida en hipocresía y en sumisión para ellas. El personaje de ella, y su aversión y pánico frente al sexo, me pareció interesante. Y extrapolable’.
Teniendo en cuenta que el libro está contextualizado en la Gran Bretaña post Segunda Guerra Mundial. Da mucho que pensar que sea extrapolable, sí.
‘Me lo has de pasar, ¿no me habías dejado otro de él?’
‘Sí, “Expiación”. También hay la película en la que aparece Keira Knightley’.
‘Bueno, gurús del sexo, os dejo con vuestras cosas y argumentos feministas placenteros. Me voy, Dave me espera para una cena para dos’.
‘Qué asco de gente que se quiere y cena junta, dijo S riéndose’.
Mientras Clota cerraba la puerta Sow propuso ver algo. Coincidimos en que sería buena idea ver juntas después de tal relato la serie ‘Masters of sex’ que recomiendo de forma insistente.
Sexo, sexo, sexo. Sexo en los años 60.
Frescas, frescas desde los 60.
Y sabiamente
frescas desde mucho antes.
Nos bajamos media temporada entre cigarro, risa y palomitas.
El humo ya bañaba la habitación y de paso nuestras neuronas.
‘Dios la amo. Me siento superidentificada’
‘Superidentificada, sí. Joder, es que es lo más’.
‘¿No te parece lo más?
‘Sí, la amo’.
Un diálogo bastamente besugo y sin sentido.
Sophie cogió el teléfono, tenía dos mensajes.
Bart: Lo siento. Gemelos modelos noruegos. Os quiero, pero a ellos ahora mismo les quiero más.
Clota: Hemos pasado del plato al postre directamente. He dominado.
Las dos nos reímos a carcajadas.
Sophia me miró seriamente, me agarró de la mano en su plena esencia de reina del drama, y con cara de seriedad y tono retintinero previo a una carcajada pronunció:
“Y hoy, amigas,en la ciudad donde el Sol nunca sale, fuimos las únicas que no triunfamos”.
Por frescas.


Si quieres seguir todo esto desde donde empezó, Der Mischer, revista en la que escribo, puedes hacerlo aquí:
http://dermischer.com/2014/01/verb-sex/

miércoles, 8 de enero de 2014



[Tienes que darle al play a L'amour fou de Françoise Hardy antes de comenzar a leer ésto. Tendrá otro sentido].
Las fechas de luces y movimiento, coches y personas junto al sonido de campanas y los insufribles villancicos ha acabado. No sé si dar  gracias por ello o asustarme por la vuelta al mundo real. Siempre dije que las Navidades, y el día de mi cumpleaños duchan en mí halos de tristeza. No por seguir los tópicos de odio hacia estas datas, si no porque es la manera constante de recordarme que…algo falta, y la evasión en esos días resulta más difícil. Más difícil que de costumbre.

El paseo nocturno del otro día como era visto no acabó bien. En verdad, para mí nada nunca acaba bien.  Los “finales“y “bien” para mí son encarables, pero no conjugables. Es distinto cuando aceptas algo, a deber afrontarlo porque no queda más remedio.

Mientras acababa el paseo decidida a seguir caminando a donde mi corazón y mis piernas mandaran y después  de que un coche a paso furtivo planchara con sus ruedas un charco, y en consecuencia bañara mi abrigo, algo inesperado sucedió. O por lo menos siempre  que pasa lo es.

¿Por qué iba a suceder algo que entorpeciera mi decisión y mi tranquilidad? Por qué mis esquemas de nuevo se romperían, y toda esa decisión arroyadora que recorría creando electríficantemente una paz armoniosa de mis pies a la cabeza se iba a desplomar. ¿Por qué para una vez que me pongo tacones acaban lavados en agua asquerosa de procedencia desconocida?

Muy fácil, era “Uno” quien conducía el coche.

Dios, o quien sea, me ha dado el don de blasfemar y decir tacos de carrerilla sin pestañear. No recuerdo el tiempo exacto que tardé en parar de hacerlo hasta que miré para el coche que se había detenido en un semáforo. Me pillaba de camino y no tuve más remedio que pasar a su vera. Mientras, el tiempo para bien o para mal se detuvo, y a su vez toda posible gesticulación involuntaria o no de mi rostro. Por suerte en ese momento estaba de perfil esperando a que la señal cambiase. Como siempre, camisado, y despeinadamente peinado. Por algún motivo, miró a su derecha, cuando me vio y se dio cuenta de quien era, pronunció mi nombre y se ruborizó. No tuvo más remedio que seguir su camino y yo el mío.  –Cuántas veces habremos pensado los dos esa misma frase-. Cuántas.

Seguí caminando. Mirando para mis pies empapados, mis zapatos verde botella casi negros. Mi abrigo beige casi marrón. Todo había cambiado tras su paso. Cual fue mi sorpresa que mirando al final de la calle estaba aparcando de mala forma.Uno estaba aparcando y posteriormente abriendo la puerta del coche a prisas y mirándome. A mí. Me mantuve inmóvil. Tenía escasos segundos para decidir qué hacer. Hice un escáner a mi entorno. Un violinista tocando en la calle, una pareja besándose, una niña llorando comiendo una piruleta, y…un taxi. Avancé corriendo mientras oía mi nombre una y otra vez. Una especie de eco infinito que me negaba a escuchar.

“Baker fleex, número 30, por favor, arranque ya, por favor se lo pido”.

El taxi arrancó. Mientras lo hacía, miré tras la cristalera de atrás del taxi. Ahí estaba, en medio del violinista y la pareja que había pasado de besarse a abrazarse y a la derecha de la niña que ya había parado de llorar. Ahora era él el que se iba a mojar, y yo quien estaba a salvo. Percibí todo lo que sentía. De un modo u otro, a pesar de los años, lo seguía haciendo. Al final, también sentí su sonrisa dedicada a mi taxi, que supongo que para él cada vez  se iba haciendo más pequeño a medida que se perdía en la lejanía.

Yo también sonreí tímidamente mientras me secaba una lágrima mirando para abajo. El taxista me ofreció su pañuelo.

“Es sólo una, no hace falta” dije sonríendo.
“Una chica tan guapa no debería permitirse ni si quiera una sola”.
“Todas lo hacen”.
“Sí, pero no deberíais. Los muchachos de hoy en día están mal enseñados”.

Mi cabeza volvía a ir mil por hora. Qué hacía esa noche empapada casi temblando, hablando con un taxista sobre todo esto y más aún digiriendo lo que acababa de suceder. Fue inevitable acordarme de Berta y su artículo de la Más de cien razones por las que hacer un viaje en tax (que puedes ver pinchando en el enlace)

“Está muy seguro de que es por un chico”
“Te arreglas demasiado, vas bien vestida, pero hay cosas que no se pueden ocultar para un Viejo como yo. Y…porque por gracia o desgracia soy hombre, todos reconocemos esas lágrimas. ¡L’amour fou!”

Y yo mientras mantenía los ojos abiertos como platos con la mirada perdida, y pensaba “pero qué amour fou, ni qué niño muerto, sólo quiero llegar al Peaks y acabar con su bodega” Pero…¿Quién me decía que no tenía razón?

“Se irá muy triste a su casa al ver que has escapado de él”.
“No se crea, de todos modos, lo entenderá”.
“Por qué la gente hace idiota si lo único que debería hacer es estar juntos si se quieren”.
“No es tan fácil, para algunos el amor se convierte en un desequilibrio cósmico”.
“Los tiempos avanzan y con ello la complejidad en la que os basáis. En mi época era tan fácil como querer, cortejar, y besar, y de ahí un casi para siempre dos hijos mínimo y una hipoteca” Dijo riéndose.

Madre mía, me parecía entrañable. Pero hay momentos en los que  necesito escucharme. A mí sola. Y la verdad, no sabía si abrazarle siguiendo la tradición de una de mis amigas  y su pequeña manía a abrazar taxistas, o por lo contrario, pedirle que me bajara ya.

“¿Quién era?”
Uno. Era Uno”.

Todas hemos tenido y tenemos un Uno en nuestras vidas. Esa persona que fue la primera. En todo. Uno, es aquel quien concoes quizás mejor que a ti misma pero te empeñas en que signifique ser un desconocido. A veces lo consigues, otras tantas como mi noche  del charco y el taxi, se te hace más difícil. Uno, es esa persona con la que aprendimos a querer, pero también aprendimos lo que es el dolor por querer. Con él tienes los recuerdos más bonitos, como por ejemplo bailar un vals solos en medio de una plaza desierta. Pero también ha sido el responsable de dejar recuerdos como pasar noches y noches llorando por su insensibilidad. Porque ellos, tienen el don de ser sensibles e insensibles a la vez, de hacernos sentir queridas, pero también rotamente despreciadas, sólo ellos podrían ser así. Es esa persona que inyectó en ti ese germen adictivo a la melancolía y el romanticismo fatalista. Uno, nos hizo sentir protagonistas de auténticas películas. Nos quiso, nos quiso seguramente como nadie nunca hará, pero también nos desquició. Y cuando le suplicamos que desapareciera egoístamente no lo hizo, mientras que cuando siempre  le pedimos que estuviera, tampoco nos correspondió. Sin embargo cada vez que miras para Uno, ves demasiadas cosas que te asustan, quizás por lo que son. Uno se niega a ser como los otros. Porque de una forma u otra, se niegan a marcharse de nuestras vidas y le encanta ser quienes son en ellas.

Porque son Unos.
Y nosotras para Unos, también seremos Unas.
Pero…También se reencarnan en fantasmas vagabundos que cuando menos quieres, aparecen. Cuando menos lo necesitas y más confiada y segura te sientas, ¡Chas! Pasan con su maldito coche aún por encima bonito, para pisar un charco y empaparte de los pies a la cabeza con agua asquerosa y de procedencia que no quieras saber.


“Ya llegamos señorita”.
“Muchas gracias. ¿Cuánto es?”.
“Dos sonrisas y una promesa”.

No entendí nada…
“Prometer se me da mal, la verdad, prefiero pagarle”.
“Pues prométame que será usted misma”. Dijo alzando la cabeza.

Había ya saldado parte de la deuda sonriíendole dos veces consecutivas.

“Espera”.
“Se me da mal esperar también” dije riéndome.

Dos sonrisas, y una carcjada de propina.

Sacó un clinex mientras parecía estar pensando nerviosamente y cogió un boli.
Anotó algo,
Algo que quizás la lluvia borraría,
Pero
Hay cosas que la lluvia no borra.

“¿Le importa si lo leo en otro momento?”
“Es lo que te iba a pedir”.
“Gracias”.
“Buenas noches, petite fille”.

El Peaks estaba adornado con voluminosas luces y detalles navideños. Lo cierto es que normalmente me parecen horteras pero en su caso, eran bastante estilosos y colocados con buen gusto refinado. Allí estaban, ellos. Los patrocinadores de mis alegrías. Mientras llegaba ya notaba el ambiente  y divisaba dos botellas vacías. Estaban todos, Clota, Bart, Sophie, Britt, Dave y los demás.

“Amore mío llegas para lo mejor”
“Claro que sí, Bartie., lo mejor siempre está por llegar”
“Te has puesto tacones! A quién has visto hoy para ponerte tan guapa”? Preguntó curiosa Sophie.
“Para un pervertido, una mística, una perfeccionista, y una loca redomada”.

Después de abrazarlos más que nunca fui al baño a retocarme. Mientras me pintaba los labios cayó el clinex que me había dado el taxista. Lo abrí con curiosidad: “El mejor profeta del futuro es el pasado”

Me sonaba esa frase…y vaya si me sonaba, era una frase de Lord Byron. Menudo taxista. Por casualidad le di la vuelta al pañuelo en letra más pequeña y escrita de una forma mucho más irregular y tímida ponía: “…pero algún día, llegará Dos”.

Y así fue, como en una noche en la ciudad donde el Sol nunca sale, resultó ser el escenario perfecto para encarar o mejor dicho escapar de algo que jamás podremos hacer. Y más, si te persigue. Pero…mañana sería un nuevo día, y pese a todo, iba a seguir caminando.
Si quieres seguir todo esto desde donde empezó, Der Mischer, revista en la que escribo, puedes hacerlo aquí:

http://dermischer.com/2014/01/the-one/